Intervención en el Fórum Europa – Tribuna Catalunya

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL FÓRUM EUROPA – TRIBUNA CATALUNYA

Barcelona, 22 de septiembre de 2016

 

Buenos días a todos y todas,

Muchas gracias por haber venido a escucharme.

Gracias al Fórum Europa y a los patrocinadores para hacer posible este desayuno-coloquio.

Mis primeras palabras tienen que ser de agradecimiento a Jordi Hereu. De agradecimiento por haberme querido presentar y por las amables palabras que me ha dedicado. Tenéis que disculparle porque la amistad que nos une le ha hecho quizás exagerar un poco. Pero me llena de orgullo que haya sido precisamente Jordi Hereu quien me haya presentado hoy aquí, en el inicio de un curso político decisivo para Cataluña.

Quiero también saludar la presencia de la Presidenta del Parlament con quien me unen tantas diferencias pero adobadas siempre por un gran respeto institucional.

Saludo al President Montilla, al Presidente del PSC, Àngel Ros, a mi predecesor Pere Navarro. A la Consellera Meritxell Borràs.

Saludo también a Miquel Valls, Presidente de la Cámara de Comercio, a Joan Carles Gallego de Comisiones Obreras, a Lluís Franco, Presidente del Consejo de Trabajo, Económico y Social de Catalunya, a los compañeros Lluís Rabell y Joan Coscubiela, a Jordi Turull, Presidente del Grupo Parlamentario de Junts pel Sí, a Enric Millo, Portavoz del Grupo del PPC. A Anna Balletbó, Presidenta de la Fundació Internacional Olof Palme. Y a tantos compañeros y compañeras del partido que resultaría muy largo mencionar pero que quiero resumir en Antonio Balmón, Meritxell Batet, Jaume Collboni y Núria Marín.

Intentaré hacer una intervención tan breve como sea posible para facilitar el coloquio y la centraré en los retos a los que nos enfrentamos en la política catalana y española y en cuanto se refiere a la relación entre Cataluña y el resto de España.

Les expondré cómo veo las cosas, pero ya les aviso que no esperen soluciones mágicas ni falsos atajos a ninguno de los problemas que señalaré. Demasiadas soluciones mágicas y demasiados atajos ya nos han hecho perder demasiado tiempo.

Empiezo por la política española.

Y lo quiero hacer sin subterfugios. Pase lo que pase el domingo en el País Vasco y en Galicia, a partir del lunes hay que explorar la formación de una mayoría y de un gobierno de cambio y progresista en España. Hay que explorar todas las posibilidades.

No comparto la idea de que “por responsabilidad”, los socialistas tenemos que dejar gobernar a Mariano Rajoy. Más bien al contrario, por responsabilidad tenemos que intentar sustituirle.

No he sabido encontrar ninguna razón para favorecer la continuidad de Mariano Rajoy y del PP. No mientras haya la posibilidad de sustituirles.

Déjenme que rápidamente les explique los tres principales motivos que nos mueven a trabajar por la alternativa.

El primer motivo, solo hay que mirar a nuestra sociedad, a su nuestro entorno, familia, amigos y conocidos para ver cómo ha afrontado el PP la crisis económica. Quién ha ganado con la crisis y quién ha salido perdiendo. Con el PP acabaremos de salir de la crisis, sí, pero con una sociedad más desigual, con más exclusión, con más pobreza. Nosotros queremos una salida de la crisis muy diferente, queremos una sociedad más cohesionada, con más oportunidades y mejor repartidas.

El segundo motivo, es la necesidad de una profunda y urgente regeneración democrática. Lo que ya sabemos hoy del PP y de Mariano Rajoy en este terreno tendría que ser suficiente para no dar más detalles. El intento de nombrar al exministro Soria como directivo del Banco Mundial me excusa de dar más ejemplos.

No quiero pensar en cómo nos hubiésemos sentido los socialistas si después de haber facilitado la investidura de Mariano Rajoy nos hubiésemos encontrado con esto. Y nadie puede asegurar que sea éste el último episodio porque, precisamente, el problema es que Mariano Rajoy no piensa en términos de regeneración democrática sino de estricta conveniencia partidista. Y la corrupción y las irregularidades tienen profundas raíces en el PP.

Y el tercer motivo, es que con el PP se pueden romper la nación española y la nación catalana. Para nosotros la nación no es la historia, las instituciones o los símbolos. Todo eso hay que respetarlo pero no es lo que constituye la nación. La nación son las personas y la forma en que se articula el consenso para garantizar la convivencia en sociedad de manera que ésta pueda acoger la pluralidad de los ciudadanos y de sus sentimientos de pertenencia.

El PP rompe la cohesión que proporciona este consenso que hay que cultivar de forma permanente, este consenso que el PP menosprecia cuando quiere imponer su visión a los demás. Con el PP se han agravado hasta límites nunca vistos los problemas de articulación territorial entre las diferentes naciones, nacionalidades y regiones que integran España. Ha roto todos los consensos y se niega a buscar otros nuevos. Algunos me dirán que el PP no es el único responsable. Y es cierto, pero quien tiene más capacidad para afrontar este problema y no lo hace, acaba siendo el principal responsable.

Hay quien dice que la alternativa al PP es un “lío”. Y yo no digo que sea sencillo. Lo que digo es que si hace un tiempo el problema era el bipartidismo, ahora el problema es encontrar un mapa político más fragmentado, los acuerdos necesarios para salir adelante.

Recuerden el caso de Portugal. El partido conservador, que estaba en el gobierno, ganó las elecciones con el 38,5% de los votos y el 45% de los escaños. Pero, contra todo pronóstico, gracias a un acuerdo entre el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Bloco d’Esquerda, se formó un gobierno alternativo presidido por Antonio Costa. Un gobierno sólido que va reduciendo el déficit público y tiene una calificación estable en las agencias de rating.

Digo esto también porque algunos dicen que el proceso de ajuste de la economía será muy duro y sería mejor que lo hiciera el PP. Personalmente estoy radicalmente en contra de este planteamiento. Pienso en las personas que nos han apoyado, pienso en las personas que más nos necesitan, y no quiero desentenderme de una situación por dura que sea. Somos, ante todo, gente responsable.

Sé que hay muchas personas asustadas por un eventual acuerdo PSOE-Podemos, muchos también estaban asustados por los gobiernos catalanistas y de izquierdas… Y analizados con objetividad y perspectiva, la gestión de los gobiernos Maragall y Montilla no es nada menospreciable. Comparen los indicadores de deuda pública, listas de espera, paro, precariedad laboral, incremento del número de policías, maestros y médicos, inversión, equipamientos sociales de todo tipo, etc. Ya sé que se les comparó al Dragon Khan, pero nadie sabía lo que vendría después. Y después han venido gobiernos que no presentan los presupuestos a tiempo y que incluso son incapaces de aprobarlos…

Por tanto, no solo hay que rechazar los temores y los prejuicios sobre los gobiernos de izquierdas (que además no sabemos si serán en forma de gobiernos de coalición o de acuerdo parlamentario como el portugués) sino que estoy convencido de que un gobierno de estas características podría tener una acción francamente positiva no sólo para el bienestar material de las personas sino en términos de solvencia y también de reequilibrio de fuerzas a nivel europeo.

Desgraciadamente tenemos que recordar que la imagen del gobierno de Rajoy a nivel europeo no es precisamente buena, ni por solvente, ni por capacidad de influencia.

Un eventual gobierno de cambio, un gobierno progresista tendría otras consecuencias positivas porque tendría que sustentarse en una mayoría plural que devolvería al Congreso de los Diputados la centralidad en nuestro sistema institucional y obligaría a practicar una política de pactos y de búsqueda permanente de consensos que acabaría por recuperar la confianza en la política y permitiría la construcción de un proyecto común para el conjunto de los españoles.

No veo ni a Rajoy ni al PP capaces de eso.

Por tanto, y resumiendo:

  • No a facilitar un gobierno del PP.
  • Sí a intentar un gobierno progresista que, además, de encarar la salida de la crisis económica y social de una manera diferente, aborde sin complejos ni dilaciones la reforma de la Constitución y las reformas legales necesarias que necesita España para renovar sus consensos territoriales.

Hablaré ahora de política catalana, si es que se pueden desligar estos dos ámbitos…

Hace casi un año decía en una conferencia en el Colegio de Abogados que el problema catalán, es decir, el problema de cómo articular la relación entre Cataluña y el resto de España (como decimos los federalistas y los autonomistas) o entre Cataluña y España (como dicen los independentistas) es un problema español, no catalán, no solo catalán. Como decía el President Montilla, es EL problema español. Y como problema español no tiene solución catalana unilateral posible.

Incluso suponiendo (que ya es mucho suponer) que desde las instituciones catalanas se tuviera (que no se tiene) la fuerza moral, legal y física suficiente para imponer una decisión unilateral, el problema no tiene solución factible, solución razonable y solución aceptable mayoritariamente en la sociedad española (y tampoco en la propia sociedad catalana) y, por descontado, a nivel europeo e internacional, sin un pacto entre las instituciones catalanas y las instituciones españolas.

Por ello entiendo las dudas que generan la Declaración Unilateral de Independencia, el Referéndum Unilateral de Independencia y las diferentes y contradictorias propuestas que se van haciendo. Porque no hay solución unilateral. Nosotros llevamos años alertando sobre ello.

Y, encima, el plebiscito que algunos plantearon el 25 de septiembre de 2015, se perdió precisamente en los términos en que se había planteado.

Se hace, pues, muy difícil, entender el juego de despropósitos en que se está instalando la política catalana. Mientras se dice que el Tribunal Constitucional ya no tiene autoridad en Cataluña, no se deja de presentar alegaciones y recursos ante él. Mientras se habla de desconexión, se reivindican las conexiones. Conexiones energéticas, de agua, ferroviarias, todas ellas imprescindibles. Se promueven leyes de desconexión que no desconectan y esta magna obra legislativa parece que tiene que culminar en una ley de transitoriedad jurídica que no se aguantará por ningún lado, por no respetar ningún tipo de lógica jurídica ni institucional en un Estado de derecho. Eso sí, si el Tribunal Constitucional la anula diremos que unas nuevas elecciones al Parlament servirán para resucitarla de entre los muertos.

No hay solución unilateral posible, como no se puede encontrar una solución simple a un problema complejo, descontadas las soluciones mágicas habituales en el mundo de la fantasía, pero inexistentes en el mundo real.

Lo quiero decir sin ambages, ya llevamos cuatro años perdidos. No estamos ni en un proceso de transición nacional, ni en una desconexión progresiva, ni en la fase post-autonómica, ni en la fase casi-soberana, ni en la pre-independiente. Ni una sola competencia más, ni más recursos, ni más inversiones, ni más grandes proyectos, ni cooperación entre administraciones, ni nueva financiación, ni nada de nada. Eso sí, cada día afirmamos  estar más cerca del gran momento en que todo se solucionará por arte de magia. Y si no, iremos a unas nuevas elecciones que, éstas sí, serán la puerta de entrada al paraíso terrenal.

Las soluciones fáciles, casi mágicas, están en boca de muchos responsables políticos en muchos países:

Si hay un problema de refugiados o de inmigrantes: cerraremos las fronteras.

Si el radicalismo islámico se extiende: prohibiremos el burquini.

Si se ha disparado la deuda: no la pagaremos.

Si no me gusta el gobierno del PP: nos iremos de España.

¿Alguien piensa que con soluciones fáciles y fórmulas mágicas solucionaremos los problemas?

Por cierto, abro paréntesis, si no nos gusta el gobierno del PP, ¿por qué no hacemos algo para cambiarlo? ¿O es que condicionamos las investiduras a condiciones imposibles para garantizar que siga el gobierno del PP y así tener argumentos a favor de la independencia? Cierro paréntesis.

Vuelvo a la ausencia de soluciones fáciles. Si no hay soluciones fáciles, nos quedan las complejas. Las que son fruto del diálogo, la negociación y el pacto. O sea, las soluciones federales. Las que han definido al catalanismo político a lo largo de más de un siglo. Las que nos han proporcionado los períodos más largos de autogobierno y de progreso de nuestra historia, las que han hecho que disfrutemos hoy de la mayor capacidad de decisión sobre nuestras vidas que nunca se haya tenido en Cataluña.

Hay quien piensa que tenemos que cambiar de paradigma, que podemos tirar por la ventana el legado del catalanismo para substituirlo por un todo o nada imposible, eso sí, con mucha épica, conceptos nuevos y palabras vacías. Porque tenemos prisa, el mundo nos mira y ya estamos a punto.

Nosotros seguiremos defendiendo nuestro proyecto federal y la vía del diálogo, la negociación y el pacto. La única vía razonable y posible para establecer un marco en el que se puedan resolver de una manera acordada, mediante mecanismos conocidos, aceptados y respetados, los inevitables problemas que se producen cuando conviven diferentes niveles de gobierno. Y, desde luego, seguiremos alertando contra los riesgos de división, los peligros de atajos que sitúen a las instituciones catalanas fuera de la legalidad o las falsas promesas que son garantía de futuras frustraciones.

En los próximos meses, se pueden acentuar algunos elementos que han caracterizado la política catalana en los últimos años: unas hojas de ruta en constante evolución incapaces de conseguir los objetivos que se proponen, una retórica que esconde el fracaso y el tiempo perdido y, tal vez, un aumento de la polarización.

Quizás aumentará la presión para estigmatizar a los que no comulgamos con el dogma “procesista”, a los que no creemos en soluciones milagrosas, a los que incluso decimos que los referéndums de la mitad más uno pueden no ser el instrumento más adecuado para resolver el problema, y más después de ver algunas experiencias muy recientes.

No abandonaremos nuestra vía ni nos dejaremos arrastrar por las estrategias de otros.

Entre otras cosas porque ya hemos padecido suficientemente los efectos de la polarización. Y los hemos visto también en otros. Ha desaparecido CiU, no me extenderé en las dificultades de Unió, tampoco entraré en la actual situación del partido que antes se llamaba Convergència, pero sí constataré la existencia de un espacio político catalanista pero no independentista que hoy se siente huérfano.

No queremos añadir confusión a una situación ya lo suficientemente convulsa de nuestro panorama político. Nosotros seguiremos sin participar en manifestaciones de las que no compartimos los objetivos, no haremos juegos de manos para no definirnos, ni dejaremos de emitir opiniones y votos coherentes con nuestro planteamiento, aunque eso no pueda llevar a situaciones incómodas. Nos hemos acostumbrado a ir a contracorriente. Creemos que el tiempo nos ha dado más razones de las que nos ha quitado. Incluso cuando escuchamos que lo único que separaba a los gobiernos de Cataluña y de España en la consulta del 9-N era  la celebración o no de una rueda de prensa para anunciar los resultados.

El ya mencionado Dragon Khan del gobierno catalanista y de izquierdas era un juego de niños comparado con lo que tenemos hoy. En los 7 años de gobiernos tripartitos, nunca se tuvo que recurrir a una cuestión de confianza, ni las legislaturas se contaban por meses en lugar de por años.

Déjenme que les diga una cosa respecto al PSC para acabar. Porque un PSC fuerte ha sido garantía de progreso para nuestro país. Recordemos los años de la transición, las elecciones de 1977, el retorno del President Tarradellas, la Constitución de 1978, el Estatuto de 1979, los ayuntamientos democráticos, los Juegos Olímpicos, los gobiernos catalanistas y de izquierdas desde el 2003 al 2010. El Estatuto de 2006 que, desgraciadamente fue dañado por la Sentencia del Tribunal Constitucional. Los períodos de más autogobierno y mayor progreso de nuestro país han coincidido con los períodos de un PSC fuerte.

No les extrañará, pues, que este sea mi norte para seguir impulsando a mi partido en el camino de reconstruir nuestro proyecto, y de mantenerlo siempre al servicio de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Me pongo a su disposición para profundizar en estos y en otros temas en el coloquio.

Muchas gracias.

 

[Aquí podéis descargaros mi intervención en formato pdf]

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